El voto electrónico está mal. No, en serio está mal

A los técnicos nos cuesta hacernos entender, es nuestro karma. En una vida anterior fuimos Cassandra.

Ya dijimos que todos los sistemas de voto tienen serias fallas de seguridad, pero muchas de las cosas que usamos hoy tienen fallas de seguridad. No vamos a dejar de usar facebook porque cada tanto todos nuestros datos quedan expuestos al universo. Nos acostumbramos. Cada vez que los técnicos hablamos de las horrendas fallas de seguridad nos miran con cara de BUENO, ARREGLEN ESO!

Quiero modernidad

Soy tan fanático de la tecnología que si pudiera inyectarme nano robots para reparar mis células no dudaría en hacerlo. Y no, tampoco es que quiero toda la tecnología para mi, no es eso.

El tema acá es que el voto define, desde la gente, la última instancia de poder. Un gobierno que se apodera del poder puede borrar todas nuestras libertades. Y tienen que pensar esto: los analfabetos tienen los mismos derechos en una democracia. Y los analfabetos tecnológicos también. Y las personas que no son expertas en seguridad informática también. Y las personas que no tienen visión de rayos equis también.

No sabemos lo que pasa ahí adentro, en esa maquinita, y la tecnología tiene que servir para que sepamos más. Quiero cámaras en todos lados para mostrar a las personas contando, que todos los telegramas PERO TODOS se publiquen en una página, que haya cámaras en el Correo, que nunca le perdamos la vista a ningún voto.

Y saben qué? Armar algo así sería MÁS BARATO QUE PONER LA BOLETA ELECTRÓNICA.

Los beneficios no son tan beneficios (y los peligros son enormes)

  • No es más barato, por más de que se ahorre el costo de una impresión de boleta, es realmente mucho más caro: además de la máquina, la implementación, la distribución, el asegurarse una infraestructura mínima
  • No es más fácil, y esto lo repito con énfasis: si se tienen muchos partidos se transforma en muchas pantallas, el papel gana siempre.
  • El único número que se obtiene rápido es el conteo provisorio no oficial. El conteo definitivo es igual de largo que siempre

Necesitamos MUCHO un sistema que nos permita romper años de caudillaje como los que tenemos en las provincias, es desesperante ver cómo se apoderan de los votos y extorsionan a la gente, si pudiéramos armar un sistema automágico que impidiera el fraude POR SISTEMA podríamos limpiar años de injusticias! Se imaginan? Sería ESPECTACULAR.

Pero lamento decirles que los sistemas electrónicos refuerzan a los oficialismos. La máquina permite mentir y que no queden rastros. Como en el photoshop. Y los oficialismos tienen mucha más posibilidad de quedarse a solas con la maquinita.

Lo que derrumbó al peronismo en la provincia de Buenos Aires fue la fiscalización. Sin ella hubieran ganado los de siempre. Es increíble ver el mapa: donde se pudo poner fiscales apareció el fastidio de la gente por los gobernantes oportunistas y ladrones que hundieron a la provincia más rica en la miseria más grande.

Cuando piensen en un sistema electoral tienen que pensarlo en manos del peor partido, del más peligroso, del más ruin. Y que aún así que les cueste manipularlo.

Cómo es el voto? Es universal, es anónimo porque es el amplio poder de los que tienen poco poder. Por eso representa a la democracia que es tan frágil y que hay que cuidarla. Cuando alguna parte se pierde todo está en peligro.

Nicolás Maduro supo, minutos antes de cerrar la votación, que perdía contra Capriles. No había podido enamorar. Agregó una hora más al comicio, en esa hora apareció un millón más de votos y ganó las elecciones. Enojado, amenazó a toda la nación diciendo que tenía los números de documento de los 900.000 chavistas que habían cambiado su voto por Capriles. Todo eso gracias al voto electrónico

La naturaleza del voto debe ser sencilla y visual, física, tangible, porque nos representa en ese anonimato, en esa soledad de que cada votante es igual al otro.

Piénsenlo de otro modo: habría ganado Mauricio Macri por menos del 2% si Cristina Kirhcner hubiera tenido en sus manos un sistema de voto electrónico?

Por qué estamos tan enojados con Tinelli

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Tinelli es un showman, un artista de televisión y tiene a su público. Menguado hoy, pero es su público. Hizo durante mucho tiempo un programa de televisión exitoso y, con su producto fácil y de comida rápida fue la crítica de cualquiera que tuviera algo de cultura. Confieso que nunca pude ver más de 5 minutos de su programa, y no me jacto: no es lo mío y la tele dejó de cubrir mis necesidades desde hace más de 30 años. Si te gustaba Tinelli te banco igual, está todo bien.

Por qué cuestionar con argumentos políticos a alguien que nunca los necesitó? Tinelli navegó por encima de todas las crisis políticas y económicas indemne, qué está pasando?

Si nos estamos haciendo estas preguntas tenemos que buscar la respuesta en los últimos doce años, los de la década ganada, el orgullo Nac & Pop. Cuando tuvo que conversar con el poder, con los que tienen la sartén por el mango porque son ricos o porque congregan el interés de “la gente”, el kirchnerismo se mostró sin la careta progre con la que endulzaba las tertulias de Horacio González. “Conmigo todo lo que quieras: impunidad, fiestas, descontrol, montañas de guita, poder. Todo. Si te ponés en la vereda de enfrente voy a ir por vos, te vuelvo loco, te persigo hasta ponerte de rodillas”.

Y en la Argentina empobrecida, Tinelli agarró viaje. De tener su propio club de basquet pasó a ser elegido presidente de San Lorenzo, a fuerza de popularidad y poner plata. Era imparable. Cuando murió Grondona parecía que la presidencia de la AFA estaba servida para él, el asiento le quedaba justito. Se movía y gesticulaba como si ya fuera el presidente. Pero todo se complicó. Scioli quería terminar la campaña en el programa de Tinelli, el más visto. Problemas de inseguridad. Y Tinelli, que venía jugando la máscara de centro-ambigüedad, de estar por encima de esas cosas, de quedarse bajo el calor del poder político a fuerza de no molestarlo, de jugar la carta del pibe de barrio, del buen tipo, del tipo que puede ser cualquiera pero que tuvo éxito… Tinelli tropezó. Se peleó con el ganador, con el que sí terminó siendo presidente, se peleó con un amigo que nació a la vida política desde el fútbol, y que muestra aún hoy con orgullo la exitosa gestión que tuvo en Boca. Hasta me harta escribirlo, Mauricio.

Lo peor de todo para Marcelo es que quedó asociado a una Argentina totalitaria y corrupta hasta la imbecilidad. Quedó Tinelli del lado de la valla del país que queremos dejar atrás. Si ganó Mauricio Macri es porque estamos dispuestos a alejarnos de todo eso subidos a cualquier barco.

Y para colmo de males, el kirchnerismo expone ahora su corrupción revoleando bolsos en un convento, en desbande, cayéndose a pedazos. Eran chorros, eran asesinos, eran apretadores, eran la KGB y la SS de la decadencia, eran narcos, asaltantes, arrebatadores, mentirosos y adictos. Y tenían cuentas, cajas con dólares, propiedades, campos, iPhones, autos importados, relojes, anillos y todo lo que denostaron, todo lo que criticaron en nombre de la nueva kultura. Y monjas.

En ese cuadro está Tinelli, como el personaje de “Y dónde está Wally?” con su remera a rayas, con todas las ganas de estar ajeno a la acción pero omnipresente.

Tinelli comió de la fruta que le presentaba el kirchnerismo, a sabiendas de que eran un proyecto totalitario sostenido por y para la criminalidad. El paraíso de “lagente” se aleja Marcelo, no sé, manejalo.

Bergoglio, la Iglesia y el papa Francisco

El kirchnerismo trabajó para dividir a la Iglesia y poder controlarla: “los nuestros” era un grupo que siempre estaba en la vereda de enfrente de Bergoglio.

Del lado nestorista quedaron los más corruptibles y dóciles. Los curas sibaritas, abusadores del poder, cínicos, prostitutos, prebendarios. Ya habían sucumbido a las mieles del poder menemista y de todos los oficialismos habían recolectado sus frutos. El fallecido obispo Di Monte aportó, de forma póstuma, el lugar donde López trataba de esconder un botín de la corrupción: un extraño convento que todavía no había sido inscrito en Roma pero que había recibido fuertes subsidios estatales y las visitas de Julio De Vido y Cristina Kirchner. Muy extraño: estaba integrado por el obispo en persona y apenas tres monjas, dos muy ancianas y una más joven de la que no tenemos suficientes datos. El legado principal de Di Monte fue convencer al Estado de proveer los dineros necesarios para la restauración de la Basílica de Luján. Di Monte cultivó lazos muy aceitados con el régimen anterior y los transmitió a su  sucesor, el actual titular, Agustín Radrizzani, que asumió en el año 2008 en la arquidiócesis de Mercedes-Luján. El arzobispo tiene razones para temer a López porque las tareas de restauración de la Basílica continuaron y es muy posible que la Iglesia no haya sido lo prolija que debió ser con la administración de los dineros públicos a pesar de que toda la construcción y la designación de las empresas constructoras hayan estado a cargo del Estado.

Cuando Bergoglio se transformó en papa Francisco, se propuso unir esa grieta que se había producido en el seno de su Iglesia. El kirchnerismo reaccionó muy duro contra él, temían que ganara poder alguien que había demostrado independencia y preferían a cualquier otro. Al diablo mismo. “Si gana Bergoglio es una catástrofe” repetían los operadores que había enviado el kirchnerismo a Roma. De forma descarada lo acusaron de colaboracionista de la dictadura, para mancharlo cuando ya vestía la túnica blanca. Imaginaban que renunciaría por no ser la figura salvadora que necesitaba la Iglesia después de Ratzinger. Otro fracaso.

Pero Bergoglio tuvo la habilidad de no atacarlos, de tender puentes, de decir “cuiden a Cristina” en el momento en el que todos imaginábamos que les devolvería el golpe con uno mayor. La idea del ahora Francisco era suturar la división que amenazaba a su congregación y seguir adelante.

La Iglesia siempre dispone del valor cristiano del perdón, esta vez en forma de manto sobre los curas corrompidos. Al estilo peronista, o podríamos decir al estilo jesuita: con el poder se apropia, a través del perdón, de la Justicia. Un mecanismo que olvida que “la verdad os hará libres”. En fin, era otro papa.

Ese plan recibió un golpe mortal cuando perdió Scioli, el delfin meta-kirchnerista que era también el símbolo de la impunidad. Los analistas papales mienten cuando dicen que la Iglesia jugó a favor de Macri, o que tuvo alguna incidencia en su victoria, la sorpresa fue mayúscula y la dimensión del cambio todavía es incalculable. Jugaron con Domínguez -otro peronista- contra Aníbal y perdieron.

En ese fango político el papa Francisco se dispuso concretar un viejo sueño: las Scholas Occurrentes, unir las ideas de caridad, deporte y educación y atarlos a la religión. Un plan hecho a la medida de Scioli, de ningún otro. Karina Rabolini, esposa y promotora de Daniel Scioli para su campaña presidencial, fue disertante en las Scholas Occurrentes en forma reiterada.

Para la administración ubicó a José María del Corral y Enrique Palmeyro, dos empresarios muy ligados al kirchnerismo con los que ahora está muy enojado: emitió un mensaje claro para que no pisen Roma. Las cuentas muestran números milagrosos y enlazan a la iniciativa del papa Francisco -con un nudo gordiano- al apresado José Francisco López. Para colmo, la organización agregó como consultora permanente a la Fundación Observatorio de Responsabilidad Social, de Alessandra Minnicelli, la esposa de Julio De Vido, jefe de López.

¿Jugarán el partido de fútbol que organizó para las Scholas Occurrentes Lisandro Borges? Estaba pensado para jugarse en el Estadio Único de La Plata y la nueva gobernadora, María Eugenia Vidal, se mostró complacida en continuar con la inicativa. El otro organizador, Roberto Sarti, viene muy flojo de papeles y podría caer en desgracia en poco tiempo. Como si fuera un homenaje a De Vido el partido figura en el calendario para el 10 de Julio. Se quedaron cortos.

La habilidad de Bergoglio se verá si se anima a impulsar un mani pulite aunque salpique a sus alfiles. De no hacerlo es pensable que su papado se precipite. A la luz de estos acontecimientos la reunión que organizó hace dos semanas en Roma contra la corrupción -en la que convocó a jueces de todo el mundo- adquiere una significación más completa. Convocó, en el caso de Argentina, a los jueces que enfrentan a la corrupción de forma cotidiana. Alguna ventaja tienen: estos expertos para disertar solo necesitan un espejo.

Si a todo esto le faltaba ironía, el papa Francisco decretó -en una bula de 2015- que este sería el año de la misericordia.

Actualización: queda para otro artículo explayarme en mi sospecha de que Bergoglio organizó este congreso en Roma para blindarse en los hechos de corrupción desmesurada que pueden afectarlo

El valor de López

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La imagen burda del botín de un mal pirata es la de José Francisco López: arrojando sobre la cerca de un convento bolsos con dólares, monedas exóticas, joyas y relojes.

Es todo tan brutal que todavía no entendemos del todo lo que significa: es el saliente Secretario de Obras Públicas del gobierno más corrupto de la historia argentina, a cargo del Ministro de Planificación Julio De Vido, pero que respondía sin intermediarios al núcleo de Néstor y Cristina Kirchner, la pareja presidencial de los últimos doce años.

La obra pública en Argentina fue la llave para transformar a todos los circuitos de poder en cómplices: gobernadores, intendentes, empresarios, medios de comunicación. Es difícil encontrar a alguien que haya quedado limpio. Es nuestro Petrolão, que erupta por canales distintos porque nuestros jueces han sido partícipes de la década ganada.

Y es esta Justicia corrupta la que tiene en sus manos al tipo que, in fraganti, está en la vidriera de todos los argentinos como el emblema de la corrupción. Una pena que los jueces federales estén tan sucios ellos mismos que no pueden aprovechar el inmenso valor que tiene este personaje. Cotiza fuerte quien podría costarle la gobernación a varios de los que ahora nunca fueron kirchneristas. O de quien puede imputar en crímenes graves a la ex presidente, a su entorno directo y su entorno más cercano. Empresarios, periodistas, parte de la iglesia. El que esté libre de López que arroje la primera bolsa.

José Francisco López es el clásico infeliz, servil chupa-medias  que pondera una organización delictiva por su fidelidad. Si es sagaz, un criminal entiende que lo que hace poderoso a su jefe es que rompe las leyes, y que en el delito no hay lealtades que valgan porque la única regla es que romper las reglas genera beneficios. Y sí, José Francisco López es tan leal como imbécil.

El tipo enloqueció, enajenado por una droga que lo hace sentir más importante, le agarró un ataque de paranoia fuerte porque se enteró de que estaban por allanar a su jefe, y se decidió a enterrar el botín en el aguantadero de un amigo cura, obispo recién fallecido, que a pesar de tener una reputación nefasta contaba con la protección de la Iglesia. Bueno, ese aguantadero había sido levantado con dineros de subsidios estatales, así que era una forma de recuperar la inversión.

Por estas horas, aterrado, sorprendido por haber precipitado un desbarranque sin igual cuando trataba de salvar a sus jefes, leal en todo, José Francisco López está detenido por el juez Rafecas y se niega a declarar.

La organización delictiva en la que se erigió el kirchnerismo se apresta a contener al reo, pero los gobernadores que conservan un poder más sólido y real pueden inclinar la balanza de la Justicia, sobre todo porque están muy implicados por el escándalo. La Cámara Argentina de la Construcción emitió un comunicado en el que señala que Cristina Kirchner y Julio de Vido estaban enterados de todos los manejos de López. Hasta el momento ningún juez les pidió que declaren por sus dichos, pero una acusación tan grave es el mensaje inequívoco de que los empresarios no quieren caer solos.

Las eventuales declaraciones de López no son tan importantes cuando existe una cantidad tan grande de datos, denuncias que duermen en la Justicia desde hace ocho años, evidencias de todo tipo y similitudes tan marcadas con otros casos que configuran el modus operandi de una asociación ilícita.

La estática Justicia argentina se verá arrastrada por estos acontecimientos y el juez que primero ofrezca un resultado concreto se podrá subir al carro de los que vienen degollando.

La imagen del papa Francisco

Papa Francisco Papa Francisco

Hace unos días estaba conversando con alguien que tiene, desde siempre, cierta llegada a la curia argentina. Traté de disimular mi fastidio ante algunas actitudes del papa y por encima de todo, de no faltar el respeto al “santo padre”.

Para mi sorpresa, el fastidio venía del otro lado. Me habló con preocupación del sentimiento “anti-papa” que crece en la Argentina, y de cómo era imposible llegar al papa si se estaba “del otro lado” de su pensamiento político. Compartía conmigo la sensación de que los canales informales que utiliza Bergoglio para comunicarse con Argentina producían un daño grande para la iglesia local.

Me quedé rumiando un poco y me decidí hacer una encuesta sobre la imagen que tenían del papa Francisco. Los resultados me sorprendieron.

La imagen negativa se mantuvo por encima del 60% durante toda la encuesta. La imagen positiva se mantuvo entre el 17 y el 19 por ciento (nunca perforó el 20%), y el “no sabe / no contesta” se arrancó en el 15% y finalmente subió hasta el 18%.

Mi mayor sorpresa fue que la encuesta tuvo un nivel de participación muy alto. Fue reenviada 600 veces, fue vista por más de 35.000 personas (a pesar de que en este momento cerca de 5500 suscriptores a mi cuenta) y produjo una gran cantidad de interacciones. Produjo casi siete mil votos, muy por encima de otras encuestas que yo haya publicado en Twitter.

La imagen negativa, además de fuerte, fue expresada de una manera vehemente. Eso me dice que no existe un canal en los medios que represente el malestar que siente la gente. O mejor dicho: sospecho que estos números son disimulados por la prensa argentina.

De otra fuente recibí la noticia de que esta encuesta fue encargada hace un tiempo con resultados apenas más suaves y que había sido diluida con los resultados de otros países para atenuar el golpe. “Por el tipo de reacción, mide como si fuera un ex-funcionario kirchnerista”.

Ironías de la vida, en cualquier momento Macri saldrá a pedirnos que “cuidemos a Francisco”

Actualización del 12 de junio de 2016

He notado una pequeña discrepancia entre los números que muestra Twitter en la encuesta y los que me muestra a mí en el análisis de actividad del tuit, por eso lo publico aquí: Como pueden ver, cuenta 6.993 votos y en la encuesta se leen 6,327 votos. Desconozco el origen de la diferencia.
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Fraude Para la Victoria

Es muy difícil analizar qué parte de lo que Scioli representa sobre si mismo es cierto. Cuando inició su carrera como motonauta cosechó una cantidad considerable de premios, pero es difícil encontrar el nombre del segundo competidor en muchas de las carreras que lo dieron vencedor. ¿Corría solo? En otros premios internacionales Scioli compite contra varios corredores de cierto renombre, pero como él es el único que corre en el circuito completo acumula más puntos y se lleva el título. Curiosa forma de ganar.

Daniel Osvaldo Scioli inició su carrera política con Alfonsín, acompañó a Menem, a Duhalde, a Néstor y a Cristina plegándose totalmente a su discurso. Puede decir que es un soldado leal, pero lo cierto es que, además de monótono y adormecedor, la mayoría de su discurso es falso y su palabra no tiene valor. Es una herramienta para servir a su amo.

Scioli se ha comportado en su carrera política como lo haría un minion: un eterno adlátere que no propone cosas propias, no tiene un discurso inteligible y, al final, es la herramienta de la destrucción de su jefe. Una pena que no tenga un ápice de la simpatía que tienen esos adorables seres amarillos de overol.

Si como todos sospechamos, las encuestadoras que lo dieron ganador estaban pagadas por él, Scioli mintió al electorado presentándose como la figura ganadora que no es. Defraudó a sus compañeros, al empresariado, al peronismo -que hubiera tenido a un mejor contendiente en Sergio Massa- y al electorado. No creo que haya engañado a Cristina Fernández de Kirchner, pero en breve es muy posible que ella lo señale como el artífice y responsable de la derrota. Es, a todas luces, muy injusto que así se proponga, pero sucederá en un país que se resiste a la verdad, una y otra vez.

La gravedad del accionar político de Scioli es considerable. Cometió un fraude y perdió. Engañó a todos los que se dejaron untar la mano por él y perdió. A las encuestadoras que lo daban ganador les queda el desprecio de la sociedad. Quizás alguna causa penal les toque si es que se comprueban los lazos entre sus fundaciones -fantasmas- sin fines de lucro y la administración de la provincia de Buenos Aires.

Dejó en una posición lastimosa a muchos periodistas que desde una ingenuidad hipócrita pretendieron creer la mentira de que Scioli ya ganó, a los empresarios a los que encegueció y que ahora nos resultan cobardes y egoístas, a los medios que le dieron un lugar preponderante, a Tinelli y el fútbol subsidiado y deforme que se juega en Argentina.

La escala del daño que produjo es muy difícil de medir, y es probable que la Argentina esconda las cicatrices de este engaño, acostumbrada a convivir con la ponzoña de la mentira, mucho más que al dolor intenso y pasajero que deviene de enfrentar la verdad.

Lo cierto es que esta mentira a quedado al descubierto, y cuanto más tarde Scioli en entenderlo de aquí al 22 de noviembre -cuando se define el ballottage-, más patente se hará en todos nosotros.

Los tiempos de Scioli

Daniel Scioli Daniel Scioli

Daniel Scioli sale a la palestra, recién después de las PASO. Hasta ese momento, la posibilidad de que Cristina lo quitara de la contienda electoral revoloteaba insistente. A pesar de que en las encuestas medía mucho mejor que Florencio Randazzo, Cristina se resistió, casi hasta último momento, a incluirlo como “heredero del modelo”. Scioli siempre se mantuvo a una distancia prudencial y ambigua.

Esa distancia también le sirvió para que el electorado no fijara nunca sus ojos en él. En la provincia que dirige las elecciones mostraron que le va mal donde más se lo conoce. El peronismo ha perdido el poder indiscutido en el distrito electoral más importante del país. Y eso que las prácticas electorales no son más limpias que las que pudimos observar en Tucumán el domingo pasado. El papel de la fiscalización, claro, fue central.

Daniel Scioli pudo sobrevivir al estrangulamiento de recursos que le impuso el gobierno central gracias a que paralizó todo lo que fuera gasto en su provincia. Salvo pagar magros sueldos, el gobernador desfinanció cualquier proyecto que no redituara en un impacto electoral medible. El ajuste que hizo fue grande, mucho más temerario que el que hiciera la alianza que proclamó a De La Rúa. Quedó a merced de las múltiples inundaciones que se produjeron en la provincia, y debe haberse encomendado a Dios con la ayuda de su amigo Jorge Bergoglio, porque hasta ahora el impacto real fue bastante disimulado. El mecanismo que utiliza se desnuda solo: el gasto figura en el presupuesto, las partidas se derivan a otros proyectos y el sello de “ejecutado” se le estampa a una carpeta vacía.

Scioli tuvo suerte -o ayuda divina- porque la provincia de Buenos Aires está en una situación desesperante en todo lo que sea infraestructura. Estamos al borde de un Cromagnon diario. Las inundaciones de La Plata produjeron una cantidad de muertos que Scioli se encargó de desaparecer. Si en sus declaraciones hubiera habido algo de congruencia podría haber deslizado la misma frase: no están ni muertos ni vivos.

Pero ahora las cosas están cambiando. Scioli en muy poquito tiempo de campaña nos mostró que puede hacer un viaje a Italia en el medio de una feroz inundación, enemistarse con las redes sociales que lo delataron y responder a destiempo y sin argumentos de fuerza a la ayuda que le ofreció Macri -su contendiente electoral- a la provincia mientras él no estaba.

Scioli no se ha mostrado confiado desde que terminaron las PASO. Envejece a pasos agigantados. La reconfiguración de su rostro es preocupante. La excusa del viaje era real, aunque inconveniente: el desgaste al que lo somete su propio partido es muy alto.

Para complicar más el panorama, Scioli no consigue despegarse de Cristina. Había soñado que para esta época ya podría mostrarse como algo novedoso y distinto -porque confía en la magia del marketing-, pero Cristina se le pega cada vez más. La presidente pretende mostrar que el candidato es el modelo, y que Daniel es una mera continuidad. Nada cambia.

Pero Daniel Osvaldo Scioli tiene capacidad para cometer sus propias torpezas. El último traspié lo cometió en Tucumán, provincia en la que quiso mostrarse ganador con un mal candidato, Manzur, en un sistema electoral complejo -y ridículo- y con prácticas clientelares aberrantes. Viajaron todos para festejar y se encontraron con una postal de protestas y represiones violentas. Era un velorio.

La imagen de 42 urnas electorales incendiadas destrozó el corazón de los argentinos. Se sumó, en una escala creciente, a las cuestionadas votaciones santafecinas, en las que el oficialismo ganó por un margen tan pequeño y cuestionado que lastimó la legitimidad de los socialistas que gobiernan hace, casi, una década.

En las primarias pudo verse que el robo de boletas opositoras fue un escándalo. Y eso alimenta la idea de que el poder central necesita un cambio. Eso dificulta la tarea del aparato peronista, ávida fábrica de voluntades falsas, y puede provocar una caída en las encuestas que, en lugar de mostrarlo ganador en primera vuelta, están empezando a dejar entrever un posible empate.

Si las encuestadoras empiezan a reflejar este panorama Scioli puede hacer sus valijas y recluirse en La Ñata. Si el peronismo hace -al fin?- un ajuste por perdedor, se volcará para apoyar a Sergio Massa y dejará al kirchnerismo que lo tiene a mal traer. Scioli no pudo hacer el salto que tanto le reclamaron, pero el resto del peronismo sí.

En ese caso, podría producirse el escenario que Massa predijo, enigmático, después de las PASO: y si el ballottage es entre Macri y Massa?

Boleta Única, electrónica o de papel?

Ariel Velásquez Ariel Velásquez

Ariel Velásquez, tenía 22 años, vivía en Jujuy y murió de un balazo en la espalda, repartiendo boletas electorales de un partido opositor.  Tras dos semanas de agonía, entregó su vida a una democracia argentina que no quiere salir del siglo diecinueve.

La bala era un mensaje amenazador, un “no te metás”. Habrá sido un “no quieras sacarnos del poder”? Es muy posible. El juego de esconder boletas opositoras, la idea de jugar al fraude -como si fuera una picardía- flotó en estas elecciones que en realidad son internas públicas y simultáneas, pero como también son obligatorias funcionan como una gran encuesta nacional.

Existen formas de cambiar el equilibrio del clientelato, del aparato que acomoda a un candidato o a otro, violando la voluntad del emisor del voto, del soberano.

La boleta única es una buena idea. Se usó en Santa Fe y redujo una parte importante del problema: la distribución de las boletas, la impresión por parte de los partidos, las maniobras para esconderlas o, inclusive, la aparición de boletas apócrifas para invalidar el voto son problemas que desaparecen con su implantación.

El resto del problema está huérfano: el conteo de los votos, la fiscalización, y la organización central transparente y pública.

La boleta única de papel es el sistema más barato, fácil de desplegar y factible. En 45 días puede estar listo, no es para nada sencillo,  porque en algunos distritos la oferta electoral es compleja y se deben imprimir boletas muy distintas. Y la boleta única de papel soluciona los mismos problemas que soluciona la boleta electrónica. El esfuerzo no sería menor, en términos reales.

La boleta electrónica que se usó en las ciudades de Buenos Aires y Salta es moderna, vistosa, notable y de todos los sistemas electrónicos el que más me ha gustado, pero de ninguna manera puede implementarse en los escasos 64 días que quedan para que celebremos los comicios presidenciales.

Tengo serias objeciones al sistema, además del precio de las máquinas, la información que hay de ellas es bastante poca y, por lo que pudimos averiguar en una investigación personal y paralela a las investigaciones oficiales que hicimos con Javier Smaldone, no es una computadora -tampoco es una impresora- son dos.

Si se aprobara a la velocidad del rayo y empezáramos este lunes mismo, podríamos apuntar a poner el sistema en las ciudades más importantes del país, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucuman, La Plata, Mar del Plata, Salta, Santa Fe y San Juan. En Buenos Aires y en Salta el sistema ya se usó, pero la distribución de esas máquinas debe hacerse igual, y eso equivale a una fuerza laboral para nada despreciable. Personas capacitadas que podrían estar capacitando mejor en zonas en las que no se sabe nada.

El despliegue sería formidable, y el may0r enemigo sería la falta de capacitación. Lo digo de otra forma: si estuviera a nuestro alcance poner un sistema de esa envergadura en marcha en apenas 60 días no tendríamos los problemas electorales que tenemos.

Para el resto del país el gran enemigo es la precariedad en la que se desarrollan los comicios. Es un ambiente hostil a cualquier tecnología. Todas las maldiciones de las brujas se aplican: sapos, rayos y culebras.

Hay otro problema serio que tienen que enfrentar las máquinas: si el humano que las rodea no es amable, esas máquinas se rompen fácil. Y si no hay una fiscalización adecuada, se les puede cargar cualquier cosa. Nos hemos interesado mucho en las trampas que se le pueden hacer, con la sutileza de un mago.

Junto a un ilustre grupo de técnicos nos dedicamos a encontrarle los puntos flacos como si fuera que estamos en Suiza, o en Alemania, pero el conurbano bonaerense nos enseña que existen formas mucho menos sutiles como tirar todas las boletas e imprimirlas de nuevo. Donde no existe justicia no existe libertad.

En las zonas más grises las máquinas se pueden trabar con un chicle, con un clip, provocando un corto circuito en alguno de los puertos que están expuestos en la máquina, porque no fueron pensadas con medidas anti-vandálicas, fueron pensadas para algunas condiciones adversas.

El kirchnerismo es merca

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-Hola! Cómo estás? -me dice uno de esos amigos tangenciales que aparecen en la vida
-Bien, bien, gracias!
-Me contaron que fue tu cumpleaños -me dice y le adivino una conversación distinta. Me quiere hablar de otra cosa. Lo llevo rápidamente a su tema: se metió con el kirchnerismo con las dos manos.

-Pero, por qué no te vas?
-El kirchnerismo es merca. Te parece que vas a poder controlarlo, te inyecta una sensación de impunidad, de poder supremo, de me cago en todo y agarro todo lo que quiero. Y cuando querés llevarte todo resulta que la cosa era un sueño y el que se la lleva es otro.
-Te pinchan la burbuja
-Y… te pinchan el alma. Después te la pasás tratando de recuperar terreno, de que el otro no te cague o te haga una cama, estás a los codazos todo el tiempo tratando de guardar tu quintita
-Estás desencatado políticamente?
-Me estás cargando? Qué política? Acá la cosa es el poder en estado puro, vos sentís que mirás fijo y te salen rayos por los ojos. Decís cualquier cosa
-Y querés salir?
-Obvio que quiero salir, están todos locos, esto es pesado en serio. Heavy, entendés? A quién vas a votar?
-Todavía estoy pensando, pero a estos chorros te imaginás que no
-Yo lo voy a votar a Scioli

De aquí a las PASO

Macri, Carrió y Sanz Macri, Carrió y Sanz

El escenario de aquí al 9 de agosto es, como pocas veces, muy emocionante. Ayer, en unas elecciones que se esperaban más holgadas, el candidato del PRO se impuso por 3 puntos en un balotaje al candidato de ECO.

Aun con un resultado en el que Martín Lousteau quedó con el extraño sabor de haber perdido cuando podría haber hecho una elección histórica, la lección que vuelve a quedar es la misma: a los oficialismos se les gana con un margen amplio.

A esta coalición que ayer se enfrentó le queda hacia adelante el desafío de ganar juntos al oficialismo que ostenta el Frente Para la Victoria. Scioli, que nunca pierde la oportunidad de propagar el mensaje de que todo es para su beneficio, ayer repitió que un Macri debilitado perdería contra él con toda seguridad.

Aunque no lo creyera realmente, Scioli que juega su carta de candidato oficialista, necesita pintarse como seguro vencedor para mantener a su tropa unida. El kirchnerismo lo aceptó a regañadientes después de convencerse de esta idea. Por algo se llama “Frente Para La Victoria”, si es para otra cosa no están.

El caso real y concreto es que esta victoria ajustada obligará a Mauricio Macri a negociar una posición con sus socios con mayor humildad. Es también una oportunidad dorada para que esta coalición se haga más fuerte. El radicalismo perdidoso es letal a la hora de bajarse a último minuto y darle la espalda a sus socios. Estoy recordando la puñalada en la espalda que recibió De La Rúa del sector alfonsinista que terminó de derrumbar a su gobierno. Si siente que tiene un lugar más competitivo -o por lo menos si cree que puede reclamarlo- tendrá más para perder si pega el portazo.

Si bien por un lado en Argentina -que necesita salir de los caudillos hegemónicos- sería más deseable que el próximo presidente no tuviera un margen absoluto, habría que ver si los votantes coronan esa idea o sacrifican el esperado cambio con tal de sentir la seguridad de un patrón.

Mientras no pierdan de vista que el mensaje es ofrecer un cambio concreto, la coalición que ofrece Cambiemos llegará a buen puerto. Quedan 19 días para fortalecerse o para naufragar en el miedo, y eso depende, como pocas veces, de un liderazgo con madurez.

El papel de Carrió será crucial: curar los egos heridos, mantener los ojos en el futuro y ayudarlos a mantenerse unidos en los momentos de duda. Todo en su vida parece haber estado preparándola para este momento.