Los tiempos de Massa

Sergio Massa Un candidato en la encrucijada.

Estoy escribiendo el artículo que me gustaría leer y eso no es bueno. Me falta mucho análisis político. Pero vamos.

Situación

Lo primero: la situación de Massa desde que se lanza al ruedo presidencial es una tarea imposible: quedar segundo en una carrera de tres, cuando es el único que no tiene un cargo ejecutivo, con el presupuesto de una ciudad riquísima o de una provincia monstruosa.Y quedar segundo le alcanzaba para soñar con el sillón de Rivadavia aunque fuera un ratito. Si el escenario económico hubiera sido más difícil, o si Cristina Kirchner hubiera jugado más decidida para Macri, Sergio Massa tendría hoy una chance más clara. Este escenario de tibieza es el que más beneficia a Scioli, que cada tanto estimula las pesadillas judiciales de Cristina para que no se le ocurra jugar para Mauricio Macri. La denuncia de Nisman empezó a jugar en contra de Massa porque obligaba a polarizar, y eso aumentó la ventaja que tenía Macri sobre él. El asesinato de Nisman terminó de sepultar a los terceros, porque también obligó a Cristina a dejar de beneficiar al que pudiera ponerla presa. Me corre un escalofrío cuando pienso que los grandes beneficiados con la denuncia y muerte de Nisman hayan sido Scioli y Milani.

El Juego

La única carta que tiene Sergio Massa desde el comienzo de esta partida es la de una alianza con la oposición Macri. El gran tema es cómo jugar esa carta y cuando. Scioli ya no juega a desgastar a Massa porque si tiene éxito demasiado pronto terminará empujando una polarización que lo perjudica. Mientras exista una división en la oposición Daniel Osvaldo Scioli puede soñar con un triunfo en primera vuelta. Massa dice que puede jugar de igual a igual pero la realidad es que sólo puede apuntar a sostener la presidencial de Macri desde la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Esa es la carrera real desde el principio.

Pero entonces aparecieron los problemas de financiación, y Francisco de Narváez se ofreció para ayudarlo en la provincia de Buenos Aires. El “Colorado” medía bien, tenía medios para financiarse solo y apareció como una opción ineludible. Y al mismo tiempo que le cerraba la opción de plegarse en la provincia, le daba la opción a de Narváez a aliarse con Macri y robarle todo el electorado de la provincia de Buenos Aires. Vi una noticia por ahí en la que Francisco de Narváez estaría conversando con Emilio Monzó, el armador de “Mauricio”.

Estamos en la encrucijada final, cuando muchos tiempos ya han pasado. El 10 de junio vence el término para presentar alianzas por partido -diez días antes del vencimiento de las listas definitivas-, y el tiempo político está dejando lugar al tiempo de los manotazos de ahogado.

Todo es inminente.

Hay otro tiempo que deben manejar Massa y Macri: cuánto más tarden en mostrar su alianza, más avanzará Cristina Kirchner sobre el territorio de Scioli, debilitándolo.

Hay un rudimento de este juego que me causa gracia por lo dantesco: ninguno de los candidatos principales ha definido a su vice todavía. De Scioli se espera saber si su vice será de La Cámpora o no, con todo lo que eso significa. De Macri se espera saber cómo integrará al peronismo -o al radicalismo- en su alianza.

Y de Massa… bueno, de Massa alcanza con saber si seguirá en carrera.

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