Bergoglio, la Iglesia y el papa Francisco

El kirchnerismo trabajó para dividir a la Iglesia y poder controlarla: “los nuestros” era un grupo que siempre estaba en la vereda de enfrente de Bergoglio.

Del lado nestorista quedaron los más corruptibles y dóciles. Los curas sibaritas, abusadores del poder, cínicos, prostitutos, prebendarios. Ya habían sucumbido a las mieles del poder menemista y de todos los oficialismos habían recolectado sus frutos. El fallecido obispo Di Monte aportó, de forma póstuma, el lugar donde López trataba de esconder un botín de la corrupción: un extraño convento que todavía no había sido inscrito en Roma pero que había recibido fuertes subsidios estatales y las visitas de Julio De Vido y Cristina Kirchner. Muy extraño: estaba integrado por el obispo en persona y apenas tres monjas, dos muy ancianas y una más joven de la que no tenemos suficientes datos. El legado principal de Di Monte fue convencer al Estado de proveer los dineros necesarios para la restauración de la Basílica de Luján. Di Monte cultivó lazos muy aceitados con el régimen anterior y los transmitió a su  sucesor, el actual titular, Agustín Radrizzani, que asumió en el año 2008 en la arquidiócesis de Mercedes-Luján. El arzobispo tiene razones para temer a López porque las tareas de restauración de la Basílica continuaron y es muy posible que la Iglesia no haya sido lo prolija que debió ser con la administración de los dineros públicos a pesar de que toda la construcción y la designación de las empresas constructoras hayan estado a cargo del Estado.

Cuando Bergoglio se transformó en papa Francisco, se propuso unir esa grieta que se había producido en el seno de su Iglesia. El kirchnerismo reaccionó muy duro contra él, temían que ganara poder alguien que había demostrado independencia y preferían a cualquier otro. Al diablo mismo. “Si gana Bergoglio es una catástrofe” repetían los operadores que había enviado el kirchnerismo a Roma. De forma descarada lo acusaron de colaboracionista de la dictadura, para mancharlo cuando ya vestía la túnica blanca. Imaginaban que renunciaría por no ser la figura salvadora que necesitaba la Iglesia después de Ratzinger. Otro fracaso.

Pero Bergoglio tuvo la habilidad de no atacarlos, de tender puentes, de decir “cuiden a Cristina” en el momento en el que todos imaginábamos que les devolvería el golpe con uno mayor. La idea del ahora Francisco era suturar la división que amenazaba a su congregación y seguir adelante.

La Iglesia siempre dispone del valor cristiano del perdón, esta vez en forma de manto sobre los curas corrompidos. Al estilo peronista, o podríamos decir al estilo jesuita: con el poder se apropia, a través del perdón, de la Justicia. Un mecanismo que olvida que “la verdad os hará libres”. En fin, era otro papa.

Ese plan recibió un golpe mortal cuando perdió Scioli, el delfin meta-kirchnerista que era también el símbolo de la impunidad. Los analistas papales mienten cuando dicen que la Iglesia jugó a favor de Macri, o que tuvo alguna incidencia en su victoria, la sorpresa fue mayúscula y la dimensión del cambio todavía es incalculable. Jugaron con Domínguez -otro peronista- contra Aníbal y perdieron.

En ese fango político el papa Francisco se dispuso concretar un viejo sueño: las Scholas Occurrentes, unir las ideas de caridad, deporte y educación y atarlos a la religión. Un plan hecho a la medida de Scioli, de ningún otro. Karina Rabolini, esposa y promotora de Daniel Scioli para su campaña presidencial, fue disertante en las Scholas Occurrentes en forma reiterada.

Para la administración ubicó a José María del Corral y Enrique Palmeyro, dos empresarios muy ligados al kirchnerismo con los que ahora está muy enojado: emitió un mensaje claro para que no pisen Roma. Las cuentas muestran números milagrosos y enlazan a la iniciativa del papa Francisco -con un nudo gordiano- al apresado José Francisco López. Para colmo, la organización agregó como consultora permanente a la Fundación Observatorio de Responsabilidad Social, de Alessandra Minnicelli, la esposa de Julio De Vido, jefe de López.

¿Jugarán el partido de fútbol que organizó para las Scholas Occurrentes Lisandro Borges? Estaba pensado para jugarse en el Estadio Único de La Plata y la nueva gobernadora, María Eugenia Vidal, se mostró complacida en continuar con la inicativa. El otro organizador, Roberto Sarti, viene muy flojo de papeles y podría caer en desgracia en poco tiempo. Como si fuera un homenaje a De Vido el partido figura en el calendario para el 10 de Julio. Se quedaron cortos.

La habilidad de Bergoglio se verá si se anima a impulsar un mani pulite aunque salpique a sus alfiles. De no hacerlo es pensable que su papado se precipite. A la luz de estos acontecimientos la reunión que organizó hace dos semanas en Roma contra la corrupción -en la que convocó a jueces de todo el mundo- adquiere una significación más completa. Convocó, en el caso de Argentina, a los jueces que enfrentan a la corrupción de forma cotidiana. Alguna ventaja tienen: estos expertos para disertar solo necesitan un espejo.

Si a todo esto le faltaba ironía, el papa Francisco decretó -en una bula de 2015- que este sería el año de la misericordia.

Actualización: queda para otro artículo explayarme en mi sospecha de que Bergoglio organizó este congreso en Roma para blindarse en los hechos de corrupción desmesurada que pueden afectarlo

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