Por qué estamos tan enojados con Tinelli

Tinelli es un showman, un artista de televisión y tiene a su público. Menguado hoy, pero es su público. Hizo durante mucho tiempo un programa de televisión exitoso y, con su producto fácil y de comida rápida fue la crítica de cualquiera que tuviera algo de cultura. Confieso que nunca pude ver más de 5 minutos de su programa, y no me jacto: no es lo mío y la tele dejó de cubrir mis necesidades desde hace más de 30 años. Si te gustaba Tinelli te banco igual, está todo bien.

Por qué cuestionar con argumentos políticos a alguien que nunca los necesitó? Tinelli navegó por encima de todas las crisis políticas y económicas indemne, qué está pasando?

Si nos estamos haciendo estas preguntas tenemos que buscar la respuesta en los últimos doce años, los de la década ganada, el orgullo Nac & Pop. Cuando tuvo que conversar con el poder, con los que tienen la sartén por el mango porque son ricos o porque congregan el interés de “la gente”, el kirchnerismo se mostró sin la careta progre con la que endulzaba las tertulias de Horacio González. “Conmigo todo lo que quieras: impunidad, fiestas, descontrol, montañas de guita, poder. Todo. Si te ponés en la vereda de enfrente voy a ir por vos, te vuelvo loco, te persigo hasta ponerte de rodillas”.

Y en la Argentina empobrecida, Tinelli agarró viaje. De tener su propio club de basquet pasó a ser elegido presidente de San Lorenzo, a fuerza de popularidad y poner plata. Era imparable. Cuando murió Grondona parecía que la presidencia de la AFA estaba servida para él, el asiento le quedaba justito. Se movía y gesticulaba como si ya fuera el presidente. Pero todo se complicó. Scioli quería terminar la campaña en el programa de Tinelli, el más visto. Problemas de inseguridad. Y Tinelli, que venía jugando la máscara de centro-ambigüedad, de estar por encima de esas cosas, de quedarse bajo el calor del poder político a fuerza de no molestarlo, de jugar la carta del pibe de barrio, del buen tipo, del tipo que puede ser cualquiera pero que tuvo éxito… Tinelli tropezó. Se peleó con el ganador, con el que sí terminó siendo presidente, se peleó con un amigo que nació a la vida política desde el fútbol, y que muestra aún hoy con orgullo la exitosa gestión que tuvo en Boca. Hasta me harta escribirlo, Mauricio.

Lo peor de todo para Marcelo es que quedó asociado a una Argentina totalitaria y corrupta hasta la imbecilidad. Quedó Tinelli del lado de la valla del país que queremos dejar atrás. Si ganó Mauricio Macri es porque estamos dispuestos a alejarnos de todo eso subidos a cualquier barco.

Y para colmo de males, el kirchnerismo expone ahora su corrupción revoleando bolsos en un convento, en desbande, cayéndose a pedazos. Eran chorros, eran asesinos, eran apretadores, eran la KGB y la SS de la decadencia, eran narcos, asaltantes, arrebatadores, mentirosos y adictos. Y tenían cuentas, cajas con dólares, propiedades, campos, iPhones, autos importados, relojes, anillos y todo lo que denostaron, todo lo que criticaron en nombre de la nueva kultura. Y monjas.

En ese cuadro está Tinelli, como el personaje de “Y dónde está Wally?” con su remera a rayas, con todas las ganas de estar ajeno a la acción pero omnipresente.

Tinelli comió de la fruta que le presentaba el kirchnerismo, a sabiendas de que eran un proyecto totalitario sostenido por y para la criminalidad. El paraíso de “lagente” se aleja Marcelo, no sé, manejalo.

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